Gabriel García Márquez, a 96 años del natalicio

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Gabriel García Márquez, 96 años del natalicio

El mundo fue uno antes y otro después. A Gabriel José de la Concordia lo bautizaron en la iglesia municipial de Aracataca, Magdalena, y luego él mismo resignificaría su propósito de vida a través del rebautizo hacia el nombre que colinda con los confines de la inmortalidad: Gabriel García Márquez.

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Este lunes 6 de marzo, el mundo vuelve a hablar de García Márquez a propósito del aniversario 96 del día de su nacimiento. Muchos años después, tras repasar un millón de veces el pelotón de fusilamiento que dio pie a su obra cúspide, Cien Años de Soledad, ‘Gabo’ daría el salto a la fama a través de obras que configuraron el realismo mágico como elemento clave del Boom Latinoamericano.

Su obra siempre estuvo condicionada por su influencia familiar. Como el más exponente entre todos los Caribes de un universo que supo describir a través de letras, Gabo basó gran parte de su trayectoria partiendo de los relatos de su abuelo, el coronel Nicolás Márquez, un veterano de guerra de los Mil Días, quien le contaba historias de su vida y su paso por la guerra.

Mientras tanto su abuela, Tranquilina Iguarán, le narraba fábulas e historias familiares. Ahí, en el amor del núcleo, en el seno impenetrable de una abuela brava y un abuelo veterano de guerra, Gabo dio las primeras estocadas al papel y con prontitud avanzaría en ese universo tan diverso como impredecible.

Los libros, la revelión tranquila de Gabriel García Márquez

Estuvo en Barranquilla y luego en todos lados. Desde sus historias en El Heraldo hasta las crónicas que agotaban el papel periódico de El Espectador en Bogotá, García Márquez lograba paralizar a las ciudades al son de sus crónicas, por las cuales no había hogar que no quisiera tener los grandes rotativos en los días que el nacido en Aracataca escribía.

Los libros llegaron después, como un deber irremediable con una comunidad afiebrada y deseosa de sus letras. Los funerales de la mamá grande fue el primero y después las historias que conoció en sus días como periodista pasaron al papel. Ese estilo narrativo del Gabo reportero dio vida a piezas como Memorias de mis putas tristes o El amor en los tiempos del cólera.

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